Bajo la vista y me encuentro con la suave arena acariciando mis pies descalzos, una sonrisa se me escapa de los labios antes de levantar presurosa la mirada, como si aquella puesta fuera a desaparecer de un instante a otro, en ese momento me doy cuenta de la presencia junto a mi y el calor que abraza mi mano. Ese tacto me resulta familiar, dirijo mi vista hacia allí antes que nada y me encuentro con las suaves manos que jamás, sin importar cuantas noches pasaran, olvidaría.
La emoción me embriagaba mientras mi corazón, en mi pecho, galopaba rogando que levantara la mirada, pero algo en mi me lo impedía, me decía que fuera cautelosa, temerosa a que desapareciera de un momento a otro.
-“¿que estas esperando?¿no es esto por lo que tanto rogaste?”- decia una voz en mi mente y tenia razón ¿Por qué tanto temor? “Por que la última vez que lo viste te lo arrebataron para siempre” me respondí a mi misma.
Me arme de valor y levante poco a poco la mirada. Primero sus brazos, sus hombros, su pecho, su cuello y así hasta llegar a su sonrisa, resplandeciente como siempre.
En ese instante el cielo se nublo mientras los truenos resonaban en mis oídos. Su sonrisa desapareció mientras yo miraba las olas salvajes debatiéndose unas contra otras. Rápidamente volví la vista a él pero me daba la espalda.
-“No te vayas”- susurre mientras las lágrimas acariciaban mis mejillas-“Por favor no me dejes de nuevo”.
Me aferre a su mano, no quería que se fuera, pero el se alejo poco a poco sin decir nada, escapando así de mis manos.
- “Debe ser así”- lo escuche susurrar antes de sumergirse en las olas y no emerger más.
Todo se volvió oscuro respiraba agitada mientras el llanto bañaba mi cara, abrí los ojos en busca de él, rogando encontrarlo junto a mi con una sonrisa juguetona bailando en sus labios, pero solo halle el techo de mi vieja habitación.
Él jamás me abandonaba, como alguna vez prometió, antes de desaparecer.